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En las alturas el oxígeno es menor y cada bocado
de aire se hace más difícil. En los descensos
hace falta mucha atención y agilidad para no
perder la verticalidad.
Y cada trozo de terreno tiene su sorpresa.
Definición
Responder a la pregunta de qué es una carrera
de montaña ha sido una cuestión poco debatida.
Todo el que corre por montaña lo tiene claro;
no hace falta que se lo escriban.
En España la referencia es la definición
de la Federación
Española Deportes de Montaña y Escalada
(FEDME), que también recoge el Reglamento
de la Federación Madrileña de Montañismo
(FMM).
Según la FEDME,
las Carreras de Montaña son una especialidad
deportiva por la que los competidores deben realizar
un itinerario a pie de baja, media y/o alta montaña,
ya sea estival o invernal, en el menor tiempo posible.
Y se define como carreras "de" montaña
porque hay pruebas que se celebran "por" la
montaña sin ser competiciones de las que ahora
estamos hablando, bien porque se hagan por asfalto,
porque no tengan desniveles o dificultad alguna, etcétera.
Por lo general un carrera de montaña es una competición
de fondo –de 10 kilómetros en adelante–,
sin descansos ni neutralizaciones, que transcurre en
su mayoría por senderos, caminos de montaña
o campo a través, y con dificultades propias
de la montaña como impedimentos naturales –arroyos,
bloques de piedra, nieve– y fuertes desniveles.
Una serie de factores son clave en el desarrollo de
estas pruebas. Una de las principales es el terreno.
Es clave saber desenvolverse por sendas, zonas de piedra,
rocas, praderas o incluso nieve.
También será definitivo el desnivel, tanto
positivo como negativo. Subir deprisa y bajar aún
más deprisa diferencia a los ganadores del resto.
Habituarse principalmente a la altitud y a climas extremos
es parte de la rutina del corredor alpino.
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